El viaje musical de Josh Blaksley comenzó en 1992, cuando, según sus propias palabras, decidió ser “vendido” por Cristo, dedicando su talento musical a dignificar y renovar la calidad de la música católica. Esta canción es una respuesta a la llamada del Papa Benedicto XVI a la “búsqueda de la verdad, el bien y la belleza”.
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01-2015
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